¿puede dañar profesionalmente la Administración? 18-Sep-2009
Posted by David R. Jordan in blogesfera.Tags: calidad, funcionarios
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Hace unos días, en una cena con los amigos, uno de ellos pronunció una frase que me ha hecho pensar: “trabajar en la Administración me ha hecho mucho daño”. Hablábamos en ese momento de cómo otro amigo había rechazado en varias ocasiones trabajar en la Administración tras las ofertas realizadas en sendas bolsas de trabajo constituidas tras la celebración de unas oposiciones a las que éste se había presentado. Y en ese contexto es cuando aquél pronunció la frase, añadiendo que se alegraba de que hubiese rechazado las ofertas.
trabajar en la Administración me ha hecho mucho daño
¿Puede realmente la Administración dañar profesionalmente a un empleado? La verdad es que el tema da para mucho. En mi opinión, uno de los aspectos en que realmente la Administración puede resultar una barrera para el desarrollo profesional es, sin duda, la eternidad de los procesos selectivos; entiendo que a este aspecto era al que se refería mi amigo. Y es que, es habitual que cuando un empleado accede a la Administración a través de una bolsa de trabajo constituida tras la celebración de unas oposiciones, tenga que seguir preparándose para las siguientes durante un tiempo incierto. Puede transcurrir así bastantes años hasta que consiga estabilizar su situación, mediante la tan ansiada toma de posesión como funcionata, pero esta vez “de carrera”. Obviamente, durante todo el tiempo que dure esta situación, si la plaza a la que se aspira es de la base de la plantilla, la carrera profesional queda totalmente estancada.
Otro aspecto en el que quizás pueda interpretarse que la Administración “daña” la carrera profesional es el acomodo. Juegan aquí todos los tópicos sobre funcionarios, como los que recordaba hace poco Yoriento, al recordar Los mejores vídeos XXI: ¿Qué pasaría si todos fuésemos funcionarios? Pero claro, contra el acomodo quien tiene la sartén por el mango es uno mismo… ¡basta ya de funcionatas que se quejan pero no hacen nada para solucionar las cosas que están a su alcance! Esa, al menos, ha sido mi actitud desde que hace 8 años entré a formar parte de la Administración.
(actualizado: hablando de tópicos sobre funcionarios, caducahoy nos trae una de chistes sobre el funcionamiento de los funcionarios)
También es cierto que, hasta donde yo conozco, se nota grandes carencias de liderazgo que inviten a no entrar en el círculo vicioso del acomodo… pero no es excusa.
Entusiasmo e inconformismo: esa creo que es la receta para conseguir desarrollarse profesionalmente en la Administración; y seguro que también en cualquier sector.
Otra posible fuente de “daño” o insatisfacción puede derivarse, como decía Louis Crandell al describir el Síndrome prelaboral de un trabajador fatigable, de un
ambiente en el que predominan los intereses particulares antes que los de los ciudadanos, un sitio en el que más que trabajar parece que se esté jugando una partida de ajedrez y al llegar debo analizar los últimos movimientos para situarme intentando evitar que me den “mate”, un trabajo en el que cuando hay problemas serios se buscan “cabezas de turco” en lugar de resolver eficazmente… Un lugar en el que se dedica más tiempo a intrigar que a trabajar.
Y en todo esto… ¿qué hay del trabajo?, ¿cómo se presta el servicio para el que somos contratados/nombrados? Pues, seguramente, si te sientes perjudicado en tu carrera profesional, si estás acomodado, no estarás muy predispuesto a intentar mejorar el servicio que prestas. Pero, entonces, ¿es imposible mejorar un servicio público?
Yo creo que sí, que hay mecanismos para incentivar la mejora. Una fórmula puede ser la aplicada por las Universidades Andaluzas. En ellas, para intentar mejorar los servicios e incrementar la productividad de los empleados públicos se optó por condicionar el incremento salarial al cumplimiento de unos objetivos fijados en cuatro niveles (los reproduzco al final a modo de Anexo).
Como puedes ver, los tres primeros intervalos se vinculan a la mejora de los servicios. Pero el cuarto…¡hay el cuarto nivel!… en el cuarto el último objetivo se vincula a la evaluación individual del empleado público (qué ganas tengo de ver en qué se materializa). De momento, los tres primeros están consiguiendo inculcar la cultura de la calidad. Eso sí, a golpe de “cumplir el trámite”. La mayoría lo ve como una moda pasajera, que conlleva más burocracia en un entorno en el que precisamente esto es lo que sobra. Pero, sin ser conscientes de ello, no son pocas las mejoras que se están introduciendo. El mero hecho de pensar y razonar lo que se hace, está consiguiendo que se detecten errores de planteamiento que, en la rutina burocrática pasan inadvertidos.
A ver cómo va evolucionando todo esto… El papel que intento asumir en este panorama es el de buscar la utilidad a lo que se está haciendo… y de paso, colar valores 2.0… seguiremos insistiendo. Ya veremos en qué depara la evaluación del 4º intervalo. Todo llegará y lo comentaremos por aquí. Pero eso será en otro post.

